El fango de la Ría de O Burgo, Chanel nº 5

La desembocadura del río Mero en A Coruña da lugar a la ría de O Burgo, precioso estuario intermareal que devino en una de las zonas de litoral más contaminadas del sur de Europa. No sólo por la acumulación en su lecho de fangos tóxicos en varios metros de altura, que en repetidas ocasiones pusieron en peligro la vida de varias personas atrapadas en el cenagal; el sector interno de la ría acumula elevadas concentraciones de mercurio, cobre, plomo, arsénico y zinc, así como hidrocarburos altamente cancerígenos, y altas cargas bacterianas además de virus de la hepatitis A, en sus históricos bancos marisqueros.

La catastrófica situación de la ría de O Burgo en un área metropolitana de más de 400.000 habitantes se convirtió en un asunto de gran importancia, con cuatro ayuntamientos directamente afectados, trascendiendo del ámbito local a los ámbitos regional, nacional y europeo. En 2013 una comisión compuesta por eurodiputados del Parlamento de la UE visitó la ría, certificando el desastre medioambiental y urgiendo a las autoridades a ponerle solución. Es entonces y con cargo a fondos europeos, cuando da inicio el proyecto de dragado medioambiental de los sedimentos de la ría de O Burgo, bajo la batuta del Ministerio de Medio Ambiente – y de Agricultura, y de Alimentación, y de Obras Públicas y de Transporte, o de Transición Ecológica, y Reto Demográfico, etc.- y con promotor local en la Dirección de Costas de Coruña.

Vale la pena incidir en la peculiaridad de esta institución, preferiblemente luego de un buen paseo por cualquier región de nuestro litoral, que viene siendo el método más efectivo para comprobar la operatividad del organismo. Plenamente representativa de nuestra administración, que se pone muy flamenca cuando se trata de autorizar un caseto de bombas 2×2 de un particular, pero que siempre sale de perfil ante las peores atrocidades medioambientales cometidas en nombre del estado -por poner algún ejemplo relevante, la construcción del puerto exterior de Ferrol (ecocidio número 1), o la del puerto exterior de A Coruña (ecocidio número 2). Todo sea por el bien común, que al final resulta ser el menos común de los bienes.

El caso es que a partir de aquí comienza un prolongadísimo proceso de tramitación, en el que participan multitud de entes como la Universidad de Santiago de Compostela, el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas, Confederación Hidrográfica, Marina Mercante, Autoridad Portuaria, Instituto Español de Oceanografía, Delegación de Gobierno, Xunta de Galicia (en sus múltiples manifestaciones), Cofradía de Pescadores, grupos naturalistas, etc. Estos entes van completando diferentes informes, como el primer Informe Técnico para el dragado de la ría de O Burgo en 2013, el Informe Arqueológico (2015), la declaración de Impacto Ambiental (2017) y otros, hasta la aprobación definitiva del proyecto en 2020 -desde luego la falta de tiempo no fue el problema-. El presupuesto con el que se dotó al proyecto para su licitación fue de 48,6 millones de euros.

Nosotros participamos indirectamente en este proceso de licitación, proporcionando ofertas a muchas de las empresas y consorcios concursantes, para una herramienta tecnológica (ecodraga Watermaster) diseñada específicamente para este tipo de actuaciones, que ha sido utilizada con gran éxito en decenas de proyectos de regeneración medioambiental sobre litoral contaminado. La verdad sea dicha, con pocas esperanzas, porque en nuestra experiencia de casi 30 años de actividad, la contratación pública española se caracteriza por un enmarañado marco legislativo que condiciona una tramitación farragosa, lo que sumado a una gestión tradicionalmente corrupta facilita una adjudicación opaca, resultando generalmente en una ejecución incompetente -y en unos chalets fastuosos. Después se mueren centenares de personas en las inundaciones de Valencia, los trenes no caben en los túneles, se caen las autovías, más de 50 millones de personas se quedan sin luz, los que iban a ser proyectos productivos Next Generation se invierten en aceras, pero aquí no ha pasao dená. El proyecto del que tratamos no fue ninguna excepción.

Adjudicado por importe de 26,6 millones de euros a la empresa Acciona Construcción, en UTE con una empresa balear sin experiencia alguna en proyectos de regeneración medioambiental, pero prominente en varios casos de corrupción política, ¿qué podía salir mal? Después de ocho años de tramitación, esa discrepancia entre lo presupuestado en base a todos los estudios, y el importe de adjudicación (prácticamente la mitad), ya revela la incongruencia de todo el proceso, ¿quién puede equivocarse tanto? Por mucho que trate de reducirlo a una responsabilidad personal, el mero hecho de que la adjudicataria siga legalmente capacitada para participar en concursos públicos en España a día de hoy, refleja nítidamente el problema sistémico que tenemos los españoles con la gestión de nuestros dineros, ¿y los europeos?

No importa si el equipo técnico nunca ha llevado a cabo una actuación de este tipo, si no se utiliza la maquinaria adecuada, si se producen daños en el entorno, si no se cumplen las especificaciones del proyecto, si se utiliza tecnología obsoleta y que pone en riesgo a la totalidad del ecosistema local, si se entierran 175.000 metros cúbicos de lodos tóxicos en la desembocadura, si no se siembran las especies que detalla el plan de regeneración, si nunca se publican los resultados de las analíticas de calidad de agua, si después no crece el marisco, o los lodos continúan…en caso de protesta, volvemos a financiar con dinero público lo que ya se gastó, y a otra cosa. Y ya vendrá un relatista oficial a contarnos la verdad, según la voz de su amo.

Que Spain is different, ya lo sabíamos – y toda esta trapallada no es lo peor. Desperdiciar lo que pudo ser una actuación de referencia para la muy necesaria regeneración medioambiental de la península ibérica tampoco. Ni el silencio cómplice de la prensa local, o el de los grupos ecologistas siempre tan bullangueros, de los que repetidamente nos preguntamos, ¿dónde estábais entonces, cuando tanto os necesitamos? Tampoco el hecho de que los chafalleiros de turno se crean que no nos damos cuenta de lo que pasa, como si fuéramos tontos. Ni siquiera lo es la realidad probada de que los que hoy denuncian corrupción política, en cuanto llegan al poder se comportan de manera idénticamente trincona, sectaria y tribal.

Sin duda lo más duro es esa conversación íntima y necesaria, en el comedor de la casa, cuando tienes que explicarle a tus hijos que para medrar en España, la única competencia relevante es la del manejo de Photoshop. Que se olviden de la formación, el esfuerzo o la capacidad; lo que tienen que hacer es comprarle al camello de moda y pasarse las tardes en el burdel. Y en comparación, untarse con ese fango hediondo convierte la fetidez de los lodos tóxicos de O Burgo en aroma a auténtico Chanel nº 5.