Impertérritos ante el estruendo de misiles, drones y aranceles, un grupo de audaces salmones regresa discretamente del Océano Pacífico a desovar, río Sacramento arriba, en el Valle Central de California. Un viaje largo y agotador, con final en travesía penitente por una de la zonas agrícolas más intensivas del mundo, superando decenas de presas, acequias ricas en pesticidas, centrales hidroeléctricas y demás barreras, que hacen de su migración hasta Putah Creek una especie de milagro. Este pequeño riachuelo -más bien regato- era hace muy poco una charca estancada en la que no se habían registrado desoves durante décadas. Pero luego de un ambicioso programa de regeneración medioambiental, estos salmones Chinook (Oncorhyncus kisutch) no renuncian a celebrar su tercer cumpleaños con una buena freza. ¿Y a quién no le gusta una buena parranda en casa, en compañía de amigos y familia?
Son buenas noticias para la acuicultura, porque un reciente trabajo de investigación concluye que estos salmones que regresan exhaustos a Putah Creek proceden de puestas controladas en criaderos acuícolas. Contradiciendo la convicción general de que las repoblaciones de peces en el medio natural tienen muy poco éxito, los Chinook californianos nos están demostrando que en pocos años de riguroso trabajo medioambiental, si les proporcionamos las condiciones adecuadas, ellos pueden completar la gesta de la reproducción aguas arriba, la eclosión en la poza del arroyo, el alevinaje y la migración hasta el estuario, la adaptación al agua salada, la supervivencia en el ancho océano y el regreso a casa. Nos lo están diciendo a la cara.
Tampoco es que la acuicultura tenga mucho que demostrar. Nuestra actividad desempeña un papel cada vez más importante para satisfacer las necesidades alimentarias mundiales, superando por primera vez a la pesca en 2022. En ese año, la acuicultura generó 94,4 millones de toneladas de animales acuáticos, representando el 51 % del total y el 57 % de la producción destinada al consumo humano. Los rendimientos de la pesca se han mantenido prácticamente sin cambios en los últimos 40 años, mientras que la acuicultura ha aumentado un 6,6 % sólo desde 2020.
Los productos acuáticos siguen siendo uno de los activos alimentarios más comercializados globalmente, alcanzando un máximo histórico de 195.000 millones de euros en 2022, lo que representa un aumento del 19% con respecto a los niveles prepandemia. Pero aunque las previsiones de crecimiento para la demanda mundial de alimentos acuáticos siguen al alza, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), está cada vez más claro que un aumento de la producción sostenible es vital para garantizar una dieta saludable. Y con la proyección de que la población mundial alcance los 8.500 millones de habitantes para el año 2030, proporcionar suficientes alimentos saludables a esta creciente población va a exigir inversiones significativas en el sector.
Claro que la acuicultura, a pesar de sus logros y como cualquier hijo de vecino, no está exenta de problemas. Comparte con la pesca una caída del consumo de productos de mar, especialmente entre los más jóvenes. Por lo que respecta a la producción, el sector enfrenta importantes desafíos derivados del cambio climático, la acidificación oceánica, el calentamiento global, las riadas e inundaciones, la competencia por el agua, la contaminación -también la resultante de la actividad acuícola, como los fangos del mejillón-, la pérdida de biodiversidad y otros impactos de la actividad humana. Por eso es tan importante que la acuicultura desarrolle su potencial en combinación con proyectos de regeneración medioambiental, en la recuperación de ecosistemas degradados, si quiere resolver estos retos de manera exitosa, como los salmones de Putah Creek.
Que está muy lejos de aquí, desde luego. Pero de ecosistemas degradados, en las rías gallegas algo sabemos. Y eso que en Galicia contamos con todas las cartas para el desarrollo del sector, incluyendo calidad y cantidad de agua dulce y salada, kilómetros de costa y abrigo, infraestructuras modernas, capacidad de añadir valor, buena apreciación del producto local, copiosas ayudas europeas, mano de obra cualificada, saber hacer, mercados con fuerte demanda…Bien gestionadas, estas ventajas pueden convertirnos en pocos años en líderes mundiales, recuperando el valioso capital de conocimiento que ha acumulado la pesca gallega durante siglos.
Como dicen nuestros queridos vecinos portugueses, infelizmente nos encontramos con la situación actual: el mejillón, producto estrella de la acuicultura local, en grave crisis con recortes de hasta un 30% de la producción; una caída brutal de las ventas de productos del mar en lonja en los últimos años; el marisqueo con la menor producción desde que existen registros, múltiples quiebras en las principales empresas pesqueras, grandes instalaciones acuícolas en liquidación y pública subasta, el relevo generacional del sector en peligro…lo que se dice una desfeita.
Desde la perspectiva regional, parece difícil justificar todo el gasto público institucional, con sus consellerías, consellos y delegaciones, ayudas y subvenciones, institutos tecnológicos, centros de formación, cofradías y organizaciones pesqueras, para tan pobres retornos. O que hayamos sido durante muchos años los principales beneficiarios de los fondos europeos FEMPA, para que en la producción de peces en Galicia por ejemplo, el principal operador no sea gallego, ni español – ni tan siquiera comunitario. Y menos mal que están ellos, porque si no, prácticamente no quedaba nadie por aquí. Pero sin una estrategia clara, todo ese dispendio público no va a solucionar nuestros graves problemas estructurales, por muchas notas autobómbicas de prensa que se paguen en los medios locales.
Es hora de apostar por la regeneración de nuestras rías y de nuestros ríos, aplicando nuevas soluciones y tecnologías para el restablecimiento de su potencial productivo. Seamos ambiciosos y rigurosos. Aprovechemos las capacidades que la acuicultura nos ofrece para la recuperación de nuestros recursos naturales. Y para la generación de la riqueza y el empleo rural que tanto necesitamos. Nos lo dicen clarito los salmones de Putah Creek. Sí, se puede: Let’s make Aquaculture great again!